Evangelio según San Juan 1,6-8. 19-28
Evangelio según San Juan 1,6-8. 19-28
Evangelio según san Marcos 1,1-8
Evangelio según San Lucas 1, 26-38
La Inmaculada Concepción, Zurbarán |
Evangelio según san Marcos 13, 33-37
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad, entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!
La pereza, el miedo, la ambición, el egoísmo, todo lo que genera la voluntad humana separada de la Voluntad Divina es muerte, mentira, trampa diabólica que nos roba la atención necesaria para mantenernos unidos a Jesucristo, nuestra verdadera vida. Él nos salvó y mucho más. Para salvarnos habría bastado una palabra, una gota acaso de Su Sangre preciosísima. Pero vino a hacer algo infinitamente más grandioso que salvarnos; vino a devolvernos la Vida Divina.
En espíritu y en verdad… Si traducimos literalmente del griego: en pneumati kai aletheia: en la respiración (en pneumati, de pneuma, el aliento, rouah en hebreo) y en la vigilancia (a-letheia, sin lethè, sin sueño, sin letargo). Empezamos el nuevo año, como acabamos el anterior, con una llamada a vigilar, velar, mantenernos en pie y despiertos. Vigilancia en griego es a-letheia, sin lethè, sin sueño, sin letargo. Hemos de vivir despiertos, vigilando, atentos a la Voluntad de Dios obrando en nosotros para darnos Su Vida.
Adviento, tiempo de estar alerta como nunca, tiempo de velar. Porque cuando nos dormimos, volvemos a poner la mente y el corazón en los afanes del mundo, abandonando ese estado de vigilancia y verdad y nuestra voluntad caída nos arrastra de nuevo al camino de sombras y de muerte.
Pero la Voluntad de Dios, que nos lleva a la Vida en plenitud nunca nos abandona; somos nosotros los que podemos olvidarla. Si nos mantenemos atentos, despiertos, vigilantes, será Jesús Quien viva en nosotros, como nosotros vivimos en Él. Es la Verdad en la que somos, que configura nuestra identidad y nos llena de amor porque es más íntima a mí que yo misma.
El Evangelio de hoy es una nueva llamada a despertar, vigilar, estar atentos, de pie, la cabeza levantada, el ánimo resuelto, porque el Libertador, el que era, el que es, el que viene (Apocalipsis 1, 8; 4, 8), es Vida nuestra.