En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.” Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las vecinas para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta. También les dijo: “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a su campo a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado”.”
El hijo pródigo, Murillo
El primer hombre fue de la tierra, terreno; el segundo hombre fue del cielo. Como es el terreno, tales son los terrenos; como es el celestial, tales son los celestiales.
1 Cor 15, 47-48
Las lecturas de hoy nos hacen reflexionar sobre el alimento. ¿De qué me alimento? ¿Cuáles son los apetitos que me mueven? ¿Me conformo con los frutos de la tierra o añoro el maná, que alimenta el espíritu, además del cuerpo? ¿Soy consciente de que la Eucaristía es más que el maná, pues transforma al que comulga en Aquel que se ha hecho Pan por amor? ¿Tengo hambre, verdadera hambre de ese Pan? Casi siempre nuestros apetitos son del mundo y para el mundo: seguridad, amores condicionados, reconocimiento, placeres, poder, comodidades… No recordamos el Pan que sacia para siempre.El hambre del sueño se sacia en el sueño. Pero hay un hambre y una sed que solo puede saciar el verdadero Alimento, que no crea materia corruptible para el sepulcro, sino Vida eterna.
Dice San Agustín en Las Confesiones: "Lo que yo temo no es la impureza de los manjares, sino la impureza de mis apetitos". Esos apetitos llevaron al hijo pródigo a dilapidar su riqueza y desperdiciar su vida lejos de su padre. Benditos desengaños, los que permiten descubrir lo que no llena el vacío del corazón. Porque solo descubrir a Dios en nuestro interior logra colmar ese vacío, más angustioso que el hambre o la sed del cuerpo.
El Pan verdadero es Jesucristo; solo Él tiene palabras de vida eterna y nos muestra con rostro humano la Misericordia del Padre. Él es el Tercer Hijo de la parábola del Hijo Pródigo, que ha aparecido por estos blogs en otras ocasiones y que recordamos en diasdegracia.blogspot.com.
Nos vamos preparando para contemplar el miércoles la Santa Cruz, celebración tan necesaria hoy, días de olvido y ceguera, de búsqueda de satisfacciones inmediatas, de esclavitud a la voluntad humana, hedonista y soberbia, que rechaza el sufrimiento y el sacrificio, sin darse cuenta de que ese rechazo es su sentencia de muerte. Porque la Cruz salva, es el único puente hacia la Vida eterna.
Misericordia, miseri cordis: el Corazón para los pobres, los humildes. Misericordia que llena la tierra, como dicen los salmos. Si la experimentas, puedes ser misericordioso. Recíbela para poder darla, compartirla, vivirla. Que tu meta sea ser otro Cristo, alter Christus, para acoger y repartir la misericordia de Dios. Hoy es el día en el que actúa el Señor en ti, si le dejas, si decides regresar, para ser uno con Él, hijo en el Hijo.
Es hora de emprender definitivamente el camino de vuelta a Casa. No queda mucho tiempo, ya no, tenemos un día de gracia, un instante de consciencia plena, donde somos capaces de anhelar el regreso y decidimos, elegimos con alegría y coherencia, porque vemos que no hay otra opción. O, si las hay, son para el polvo y para el viento, para seguir entre cerdos, mendigando comida de cerdos.
Solo es preciso recordar quiénes somos, soltar lastre, ver la tramoya de este teatro que es el mundo y regresar, porque el espectáculo termina. La representación que acaba es la del hijo que ha olvidado Quién es su Padre y cuál es su hogar. Volvemos a Casa con la alegría y la confianza del que sabe que hay Alguien que completa, restaura, perfecciona todo, toma las faltas, las distorsiones e incoherencias del pasado y las transforma en coherencia (co-herencia, herencia común) y propósito lleno de sentido.
Can't live a day, Avalon
Paul Sédir (pseudónimo de Yvon Le Loup), cuya trayectoria hasta volver a Jesucristo me recuerda tanto a la mía, me brinda una de las muchas formas de explicar por qué escogimos dejar todo para regresar al único Maestro, al único Camino, al Único. Solo pueden entender plenamente estas reflexiones los que se hayan sentido alguna vez hijos pródigos (todos lo somos, de un modo otro). Los demás, los que no han experimentado el desgarro de la separación, que miren y escuchen, si quieren, a estos pobres trabajadores de la hora undécima (Mt 20, 1-16).
“Entre el lector de las parábolas y Jesús existe una larga distancia, un espacio muy vasto que no es un desierto, sino un mundo, varios mundos, poblados de luces, de sustancias, de fuerzas, de habitantes, y todo eso puede desviar el rayo de luz y deformar el sonido y la palabra divina. (…) De todas formas, hay que saber también que, en cuanto el oyente hace lo que hace falta, Jesús suprime la distancia, la disminuye incluso, en la medida en la que nos inclinamos bajo su dulce ley. Las vistas intuitivas están muy bien, pero ¿hasta dónde llegan? No es trabajo pequeño hacer que nuestras intuiciones se vuelvan tan puras, tan espirituales, tan vigorosas, que vayan a dar con la verdad allí donde esta se encuentra, es decir, en el centro de nosotros mismos, allí donde brilla la chispa del Verbo. Si los románticos, si los monistas, si nuestros jóvenes surrealistas hubieran comprendido que existe lo Creado y lo Increado, no hubieran hecho del hombre un dios omnisciente. No se imaginaban que el súmmum del arte o del pensamiento sea ponerse en estado receptivo, esperar y anotar las imágenes que pasan. Sin duda el verdadero místico se sitúa delante de Dios en estado receptivo, pero antes trabaja constantemente para hacer que todos sus órganos físicos y psíquicos sean capaces de recibir a Dios. El adepto oriental sigue esta disciplina según un sistema de conocimiento tradicional, y en ello se equivoca, puesto que todo sistema de conocimiento es provisional. Mientras que el servidor de Cristo, que olvida su propio perfeccionamiento para pensar únicamente en obedecer en el trabajo, ese, al dejar a su Maestro actuar en su lugar, no se equivoca en nada y llega al objetivo.
(…) La gente está inquieta o dormida. Ven mal o no ven. No han aceptado la palabra divina que el Verbo les murmura, no la quieren. Quiero decir que por el momento tienen miedo de ella, se resisten contra ella, más tarde la aceptarán, pero después de cuántas batallas. Sin embargo, podrían ser felices inmediatamente. Pero la materia, el mundo, y la razón les fascinan. Ya ves, somos una elipse. El adepto busca convertirse en un círculo, quiere que los dos focos sean uno solo, pero Cristo enseña que, por el contrario, es necesario abrir la elipse, proyectando uno de sus focos hasta el infinito.”
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su Pueblo de los pecados". Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por el Profeta: “Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: "Dios con nosotros".
Nacimiento de la Virgen María. Giotto
María es icono de la Iglesia, símbolo y anticipación de la humanidad transfigurada por la gracia, modelo y esperanza segura para cuantos avanzan hacia la Jerusalén del cielo.
San Juan Pablo II
Hoy celebramos el nacimiento de la más excelsa de las criaturas, la que hace posible el cumplimiento de la Historia de la Salvación, la segunda y definitiva creación. Hoy nace la Virgen María, en cuyo seno purísimo encarnará el Hijo, la "solución" más generosa a todos nuestros males. Porque si la causa de todos nuestros males es la ausencia de Dios, la fuente de todos los bienes y la razón de la esperanza, la paz y la alegría es la presencia de Dios, el Emmanuel, Dios con nosotros.
La venida del Mesías fue promesa para las generaciones anteriores a Jesús. Sin María, la doncella de Nazaret, la profecía no se habría cumplido y no podríamos conmemorar el nacimiento de Aquel que nos abrió las puertas de la Vida. ¿Cómo no considerarla corredentora? diasdegracia.blogspot.com
Por ella fue posible que Dios naciera como hombre, para ser hermano nuestro y elevarnos por amor a la dignidad de hijos de Su mismo Padre. ¿Cómo no amar a María, madre de Dios y madre nuestra, y agradecerle infinitamente que haya hecho posible este asombroso Misterio?
Llena de gracia, es el título que la otorga el arcángel Gabriel (Lucas 1, 28), lo que quiere decir que en ella todo había sido renovado desde el inicio de los tiempos. Su alma, diáfana para dejarse traspasar por la Luz, su espíritu, eternamente puro, hasta los átomos de su cuerpo, todo había sido preservado de cualquier mancha de egoísmo.
María es nuestro modelo, la primera criatura en la que se produjo el misterio del “nacimiento interior del Cristo”, pues, como dice San Agustín, antes de que encarnara en su vientre, lo concibió en su corazón. Si seguimos la estela de su Luz, llegaremos a la meta. El camino pasa necesariamente por hacernos humildes, disponibles, vacíos de ego, libres del mundo y sus afanes, llenos de amor para poder entregarnos y servir.
Aunque ningún otro ser humano nació en el estado de pureza primordial que hizo de María la Inmaculada, también nosotros estamos llamados a dar a luz a Cristo. Él quiere ser concebido y nacer en nuestras almas.
¿Cómo ha de ser una madre espiritual de Dios? ¿En qué debemos transformarnos para poder dar a luz a Cristo? En vírgenes de alma, disponibles sin reserva, mental y emocionalmente liberados de las seducciones de lo material, de la figura, imagen o representación de este mundo que ha de pasar, que ya está pasando para quien puede percibirlo.
Otra clave para imitar a María es el abandono confiado, ser conscientes de que solos no podemos hacer nada, abrirnos y aceptar que se haga la Voluntad de Dios en nosotros. Y después, dar un paso más, el definitivo: que la Divina Voluntad sea nuestra vida. Y entonces, callar para que en el silencio del corazón, libre ya de ruidos, de palabras inútiles, del bullicio de los vanos deseos, pueda encarnar la Palabra.
197. Diálogos Divinos. María ¿Corredentora?
¿Quién es ésta, dice el Espíritu sobre María, que despunta como el alba, hermosa como la luna, refulgente como el sol? Ella surge como la aurora. En el esplendor del mediodía, nuestro primer padre fue hecho a imagen y semejanza de su Creador (Gn1,26). ¿Qué más glorioso para la criatura que parecerse al Creador? Le ha dado la imagen eterna; la semejanza era necesaria: es necesario que el hombre sea similar a su Creador. Sin embargo rechazó el honor de este privilegio..., estaba destinado a la muerte, con toda su descendencia, en las tinieblas. Las tinieblas cubrían toda la tierra, hasta que vino la Virgen. Nadie nos podía sacar de las tinieblas, nadie las podía disipar... Pero con la Virgen surge la Aurora: María anuncia la luz verdadera; por su Natividad hace brillar la más resplandeciente mañana. Es la estrella de la mañana... Es la Aurora que sigue -o bien de la cual nace- el sol de justicia (Ml 3,20), que es el único que la sobrepasa en esplendor. «A ti, Señor, el día» donde Adán ha sido creado; «a ti la noche» (Sal. 73,16) donde fue expulsado de la luz. Eres Tú el que ha creado la Aurora, es decir a la Virgen María, y al Sol, este Sol de justicia que se ha levantado de su seno virginal. Como la Aurora anuncia el final de la noche y marca el inicio del día, así la Virgen disipó la noche sin fin. Y día tras día, proporciona a la tierra al que ha germinado de su Virginidad.
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.”
Charles de Foucauld
Seguir desnudo a Cristo desnudo.
San Jerónimo
Charles de Foucauld, uno de los más fieles seguidores de Cristo. Con su vida y su obra nos muestra que ser discípulo supone, además de escuchar la Palabra e imitar a Jesús, estar dispuesto a renunciar de tal modo a la personalidad, gustos, aversiones, proyectos, anhelos del hombre viejo (Rm 6, 6-8), que acabas configurándote con el Maestro, hasta el punto de poder decir con San Pablo: “vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20). No se trata de una simple asimilación de la enseñanza de Jesús; asumir e integrar Su mensaje implica reconstruirnos, recrearnos por Él, para ser en Él y Él en nosotros. diasdegracia.blogspot.com
La meta es unirnos de tal modo a Cristo que Su vida sea la nuestra y nuestra pobre vida mortal quede clavada en Su cruz, integrada en Su Vida. Entonces la pérdida se transforma en una ganancia inimaginable; la negación de sí, en un hallazgo del verdadero Sí mismo; toda renuncia, en el Encuentro decisivo; la muerte del ego, en la Vida verdadera.
El amor personal es un tesoro, verdadero don de Dios, pero es infinitamente más valioso si se subordina al amor universal. Es preciso abrirse a la Verdad para que el amor se vaya purificando, desnudando, liberando de lastre y ataduras hasta ser puro Amor, incondicionado, infinito y eterno. Entonces ya no amas a tu padre solo porque es “tu” padre –eso sería un mero querer, aferrar, apropiarse–, sino que amas a tu padre (o a tu madre o a tu amigo) por sí mismo, en ese Sí mismo que comparte con todos los padres, madres, amigos, con todos los hombres y mujeres, muchos y Uno, manifestaciones del Ser Único de Dios.
La multiplicidad, sublimada e integrada en la Unidad; la dualidad, transfigurada y ascendida a la no-dualidad. A eso hemos venido, a elevar con Él y por Él lo contingente, a trascender y eternizar lo perecedero, a unificarlo todo en Él.
Cuando comprendes el sentido de tu existencia, lo aceptas y te pones manos a la obra con los ojos y el corazón fijos en Aquel que nos da el sentido y la misión, empiezas a reflejar en tu rostro la luz y los rasgos de Jesucristo, porque ya no eres un ego separado, que se afana, se defiende y acapara, sino Cristo, vida nuestra (Col 3, 4).
306. Diálogos Divinos. "Semejanza con Dios en Su Hijo Jesucristo"
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.» María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
La Asunción de la Virgen, Annibale Carracci
El Magnificat, el canto evangélico de María, señala el camino hacia el Hogar, que es "asunción", porque Dios quiere elevarnos hacia Sí para asumirnos en Sí. Ya nos asumió con todo lo bueno y lo malo en la Encarnación. Ahora nos quiere elevar, para que donde Él esté estemos también nosotros.
Si María Santísima ha sido asunta al cielo en cuerpo y alma… ¿Dónde está? ¿Cómo está? ¿Dónde están ella y Jesús, con sus cuerpos, los únicos cuerpos gloriosos hasta el final de los tiempos? ¿Qué tiempos, si para Dios no hay tiempo? ¿En qué estado viven, aguardan los santos? ¿Qué es el Cielo? ¿Cómo es el Cielo? Si no es lugar, sino estado… ¿Cómo será llegar a él? No lo sé, ni falta que hace. Me basta saber que todo es parte del Plan maravilloso del Dios del Amor y de la Vida.
¡A Jesús por María!, como dice San Luis María Grignion de Monfort y Santa Maravillas de Jesús. Caminar hacia Él, sobre las aguas turbulentas de la vida, de la mano de María. Y, como a ella, es Él quien nos iza, nos alza, nos eleva y nos asumirá. Nuestras vidas están en su humanidad encarnada, muerta y resucitada. Enamorados de Jesús, fundidos con Él, que santificará y eternizará todo lo bueno de nuestras vidas.
Mira hacia el Cielo, mírale a él y tendrás todo. María inauguró este fundirse en la Voluntad Divina con el Fiat mihi. Continúa tú pronunciando con cada acto de tu vida el Fiat Voluntas Tua. diasdegracia.blogspot.com
Muchos rechazan la existencia del Cielo y una vida perdurable porque son cobardes. El Cielo supone responsabilidad y coherencia. Es más fácil, más cómodo, más ventajoso, incluso, para los incoherentes, los tibios, los que ponen su corazón en lo mundano, que todo acabe aquí.
El Cielo supone valor, coraje, coherencia y responsabilidad, sacrificio y entrega total. No es resignación ni opio de los pueblos, sino compromiso auténtico. Es afrontar la propia coherencia, la propia autenticidad.
Para poder ser elevados, hemos de desprendernos de lo que pesa. La buena noticia es que se puede “rehacer” la propia vida si se vive en unión con Cristo. Él nos devolverá nuestra vida, pues la vivió por nosotros, para que la revivamos a la luz eterna del más allá–más acá, pero con una claridad distinta, con una densidad diferente, la materia glorificada.
Ascenderemos a nuestro Yo real y eterno, el que Dios soñó para cada uno. ¿Quién asciende?, ¿cómo asciende?, ¿en qué se asciende? Esencia, centro, corazón, alma inmortal, cayendo al fin lo viejo y lo caduco... Ascenderemos con nuestra apariencia eterna, la de nuestra verdadera juventud, que es nuestro ser más profundo, el impulso de todo aquello que el Señor nos ha dado y hemos aceptado, incorporado, unificado en Él.
Concierto para la Asunción de la Virgen María, Vivaldi
El tronco corrompido por el pecado que soy yo recibirá por el Nombre de Jesús savia y vigor; por Él, reverdecerá mi humanidad y dará frutos a la gloria de Dios. El espíritu de mi voluntad, que ahora está en la humanidad de Cristo, y que vive por su Espíritu, dará por Su virtud savia a la rama desecada, para que el último día, a la invocación de las trompetas celestes que son la voz de Cristo y la mía propia en Él, resucite y reverdezca en el Paraíso.
En aquel tiempo, dijo
Jesús a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha
tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos
talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no
se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las
lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la
boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el
señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará
sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de
madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que, si supiera el
dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo
mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el
Hijo del Hombre. Pedro le preguntó: “Señor, ¿has dicho esa parábola por
nosotros o por todos?” El Señor le respondió: “¿Quién es el administrador fiel
y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les
reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo
encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus
bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a
pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse;
llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo
despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe
lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos
azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al
que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le
exigirá”.
Jesús predicando, Fritz von Uhde
Durmiendo yo, mi corazón velaba.
Y en esto, la voz de mi amado que llama…
Cantar de los cantares 5, 2
Diligencia, vigilancia, coherencia. Jesús vuelve a espabilar
nuestra conciencia para que salgamos del letargo de la vida y realicemos,
despiertos y disponibles, la Misión que nos ha encomendado. diasdegracia.blogspot.com
Se trata de escoger si queremos trabajar y vivir para lo ilusorio
y efímero, o para lo esencial, lo verdadero. En el mundo estamos muchas
veces dormidos, alienados. Nos encadenamos voluntariamente a lo material, lo
transitorio, y perdemos de vista lo que vale de veras, lo eterno. Buscamos
necesidades absurdas, porque hemos creado una escala de valores diabólica que
nos impide vivir como hijos de la luz.
Si fuéramos valientes y nos observáramos con sinceridad, veríamos
cuántas veces escogemos las sombras y servir a los falsos señores de la mentira
y la muerte. Traicionamos nuestro destino y nuestra verdad interior, y luego
nos engañamos a nosotros mismos para poder soportar esa traición que nos
condena. Porque es uno el que escoge ser de los elegidos, y es uno también el
que se condena. He ahí el doble filo del maravilloso libre albedrío con el que
el Señor nos hizo las criaturas más dignas.
Procuremos vivir en la Verdad continuamente. Porque muchos son los
llamados y pocos los elegidos, y decidir ser de los elegidos, requiere
despertar y mantenernos alerta. Si no fuera por la gracia, resultaría
imposible. Porque el príncipe de este mundo no solo reina en lo material, sino
en todo ese escenario que hemos creado con tantos ídolos que nos roban el
corazón y la conciencia.
Se trata
de escoger entre Dios y lo que no es Dios, entre el Ser y lo irreal, entre la
Verdad y la mentira. Sombra y luz, bien y mal, codicia y generosidad que
conviven en cada uno. Es una elección continua. Cada día, cada hora, cada
instante, hemos de optar entre vivir despiertos o dormidos, entre vivir para lo
Real o para lo falso, para Dios o para el mundo. Una opción continua, para la
que hace falta ser valiente y también resistente, porque es una carrera de
fondo. Siempre espabilando, actuando, recuperando el tiempo perdido.
La fe nos mantiene en vela, y la fe se expresa en la confianza.
Confío en Jesús y me mantengo unida a Él, atenta a su palabra, que se expresa
en mí y en cuanto me rodea. Confío en Jesús, el Pastor que vela por su pequeño
rebaño, el Señor que viene a cada instante, el Esposo que aguarda a que la
novia se prepare, el Tesoro que llena mi alma y la rebosa, derramándose en
todo, liberando y transfigurando todo.
Confío en Jesús y no me separo de Él, no puedo ni quiero
separarme. Él es el latido y yo el corazón, soy el pie y Él es el paso, soy el
ojo y Él es la mirada, soy la Voz y Él es el canto. “Al que mucho se le
dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.” Se me
ha dado todo, por eso tengo que darlo todo.
Señor de la Belleza, de la Luz y la Vida,
¿cómo no verte?
Te encuentro a cada paso, me sorprendes
con el caudal de gracias que derramas.
Te urge, Te apresura, Te desborda
el anhelo de unión, por eso pones
en cada criatura Tu sello indeleble,
te pones a Ti Mismo,
para que Te reciba y corresponda
a esa lluvia de gracias con amor.
Me fundo en Tu querer, Amado mío,
para darte algo de mí por cada don,
pero no encuentro nada que sea digno
de Ti, Señor, solo miserias…
Mas Tú me has dicho siempre
que Te dé lo que tengo, lo que soy,
porque Tú lo engrandeces,
haces valioso lo insignificante,
lo recubres de Ti, lo vuelves oro.
Abandono el temor y las excusas,
y decido tomar Tus mismos dones,
los que Tú me vas dando, y devolvértelos,
poniendo en cada uno algo de mí.
Tengo solo Tu amor, amor le pongo.
Me das el sol, por darme luz y vida,
y yo Te entrego el sol,
atenta a cada rayo en su caricia.
Me ofreces con el aire Tu beso y Tu suspiro,
y yo Te los devuelvo, Te respiro hasta el fondo
y, en cada expiración, Te doy mi vida.
Me das el agua que me purifica
en la lluvia, en el mar, en cada río.
Con lágrimas de asombro,
con mi anhelo de Ti, Te la devuelvo.
Me sigues cortejando en el perfume
de marzo, que ya anuncia primaveras,
en mi propio latido, en cada aliento,
me dices Tu “te amo”, que no espera,
se apresura a volcarse sobre mí.
Me das Tu amor inmenso y yo Te doy el mío,
pequeño, miserable…, ¡enorme para Ti!,
pues Tú me lo has pedido,
y lo extiendes a la luz de Tu mirada
que todo lo hace nuevo.
Hasta en sueños me das, Te doy, nos damos,
y cuando pueda verte, cara a cara,
descubriré que era un solo Amor,
un solo canto, el Canto del Cordero,
escondido en el sol, el mar, la lluvia, el viento,
En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús: «Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia». Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes». Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”. Así es el que atesora para SÍ y no es rico ante Dios».
Parábola del rico necio, David Teniers
Si Jesús nos llama: “¡Levantaos, vayámonos de aquí!”, ¿quién será
tan necio para consentir quedarse con los muertos en el sepulcro y permanecer
entre los enterrados? Cada vez, pues, que el mundo quiera retenerte, acuérdate
de la palabra de Cristo: “¡Levantaos, vayámonos de aquí!”.
Filomeno de Mabboug
Necio: esta noche te van a reclamar el alma. Recuérdalo cada día.
No vivas creyéndote eterno y dando importancia a lo transitorio, sino sabiendo
que esto es una mala noche en una mala posada. diasdegracia.blogspot.com
Ayer estuve en una Hora Santa. Cuando adoro al Santísimo, busco a
Jesús de Nazaret en Él y sé que ahí está, y el Verbo increado, y el Sol de
justicia, y el Señor de la Parusía. Todo en Él. Es la joya, el tesoro de
nuestra vida y del universo. Que otros se pongan joyas; yo me pongo en la Joya,
con toda mi miseria, que Él transforma en oro. Que otros se intenten poner
guapos o jóvenes, cuando Cronos se muestra despiadado; yo me pongo en la
Belleza y la fuente de la verdadera juventud. Ya no me quiero poner nada; me
pongo en Él. Que otros se enriquezcan y acumulen; yo escojo la Abundancia
infinita que nos quiere dar el dueño de Todo.
La actitud del rico insensato que debemos reconocer en cada uno,
para desterrarla de nuestro corazón, no consiste solo en acumular riqueza y
bienes materiales, sino, sobre todo, en acumular posibilidades aquí, en la
representación del mundo que pasa, planes y proyectos que diseñamos con nuestra
voluntad humana, contaminada de soberbia. Escojamos la única posibilidad: la
vida en Cristo, Camino, Verdad y Vida. Entonces tendremos Todo, y podremos
descansar en el gozo del Señor, mientras seguimos en esta vida terrena y en la
eterna.
Dentro de muy poco viene el juicio particular de cada uno. Nos
jugamos el alma y el grado de verdad, bondad, belleza y dicha que tendremos,
porque hay muchas moradas. Vivamos ya para ese juicio, pero no solo como el
gran negocio, como decía san Ignacio de Loyola, sino como una respuesta al
amor, y como el mejor modo de amar a los que nos han sido confiados. Porque la
única herencia que importa es la heredad eterna.
Gánala para los tuyos con la gracia de Dios y para Su gloria. Vive
ya para la Vida. El dueño de Todo quiere compartirlo contigo, pero, a cambio,
pide tu corazón. Solo quiere que cumplas el mandamiento del amor y se cumple
amando, pero, primero, escuchando. Ese es tu legado: escuchar para que
escuchen. Cristo en ti y tú en Cristo, manifestándolo cada día, aunque los
necios no lo vean.
Que cuando llegue la hora, no escuches: “Necio, ¿para quién
será?”, sino: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.” Vive de tal modo que no
lamentes haber perdido el tiempo que te dieron para amar, porque hayas logrado
que todo en ti y en tu entorno sea amor.
Hermano Rafael, Escritos Selectos, CD 2
Buscad los bienes de arriba.
"Si a un hombre le concede Dios bienes y riquezas y capacidad de comer de ellas, de llevarse su porción y disfrutar de sus trabajos, eso sí que es don de Dios. No pensará mucho en los años de su vida si Dios le concede alegría interior. Lo que se afirma aquí es que, en comparación de aquel que come de sus riquezas en la oscuridad de sus muchos cuidados y reúne con enorme cansancio bienes perecederos, es mejor la condición del que disfruta dé lo presente. Éste, en efecto, disfruta de un placer, aunque pequeño; aquél, en cambio, sólo experimenta grandes preocupaciones. Y explica el motivo por qué es un don de Dios el poder disfrutar de las riquezas: No pensará mucho en los años de su vida.Dios, en efecto, hace que se distraiga con alegría de corazón: no estará triste, sus pensamientos no lo molestarán, absorto como está por la alegría y el goce presente. Pero es mejor entender esto, según el Apóstol, de la comida y bebida espirituales que nos da Dios, y reconocer la bondad de todo aquel esfuerzo, porque se necesita gran trabajo y esfuerzo para llegar a la contemplación de los bienes verdaderos. Y ésta es la suerte que nos pertenece: alegrarnos de nuestros esfuerzos y fatigas. Lo cual, aunque es bueno, sin embargo no es aún la bondad total, hasta que aparezca Cristo, vida nuestra.Toda la fatiga del hombre es, para la boca, y el estómago no se llena. ¿Qué ventaja le saca el sabio al necio, o at pobre el que sabe manejarse en la vida? Todo aquello por lo cual se fatigan los hombres en este mundo se consume con la boca y, una vez triturado por los dientes, pasa al vientre para ser digerido. Y el pequeño placer que causa a nuestro paladar dura tan sólo el momento en que pasa por nuestra garganta.Y, después de todo esto, nunca se sacia el alma del que come: ya porque vuelve a desear lo que ha comido (y tanto el sabio como el necio no pueden vivir sin comer, y el pobre sólo se preocupa de cómo podrá sustentar su débil organismo para no morir de inanición), ya porque el alma ningún provecho saca de este alimento corporal, y la comida es igualmente necesaria para el sabio que para el necio, y allí se encamina el pobre donde adivina que hallará recursos.Es preferible entender estas afirmaciones como referidas al hombre eclesiástico, el cual, instruido en las Escrituras santas, se fatiga para la boca, y el estómago no se llena, porque siempre desea aprender más. Y en esto sí que el, sabio aventaja al necio; porque, sintiéndose pobre (aquel pobre que es proclamado dichoso en el Evangelio), trata de comprender aquello que pertenece a la vida, anda por el camino angosto y estrecho que lleva a la vida, es pobre en obras malas y sabe dónde habita Cristo, que es la vida.”