6 de diciembre de 2023

La Inmaculada Concepción


Evangelio según San Lucas 1, 26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres”. Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible". María contestó: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

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La Inmaculada Concepción, Zurbarán

La dicha de María ha sido mayor porque Dios nació espiritualmente en su alma que porque nació de ella según la carne. 
       San Agustín

Mientras preparamos nuestro hogar interior para poder recibir y acoger a Aquel que viene, que siempre está viniendo, celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción. María, la nueva Eva, como la vieron los Padres de la Iglesia, es inmaculada desde que fue concebida; no necesitó purificación ni transformación. Su concepción fue diferente del resto de las criaturas, marcadas por la caída original, para poder ser el receptáculo humano del Verbo, el seno virginal donde se gestó el Hijo de Dios. 

En diasdegracia.blogspot.comencontramos más claves para aprender de María esta disponibilidad que da libertad e inocencia. En el vídeo Diálogos divinos, sobre las enseñanzas de Jesús a Luisa Piccarreta, nos damos cuenta de que "Inmaculada Concepción" significa algo mucho más profundo y trascendente que nacida sin mancha de pecado. En el vídeo del final de este post, se ahonda en este misterio, pocas veces comprendido.

María era absolutamente virgen. No solo no conocía varón, como dijo al ángel con transparencia, algo que está al alcance de cualquier criatura, sino que, además, y sobre todo, era esencialmente virgen, originalmente virgen, eternamente virgen.

Dios se había reservado una criatura así para que fuera la madre de Su Hijo. En palabras del Maestro Eckhart: “Virgen indica alguien que está vacío de toda imagen extraña, tan vacío como cuando todavía no era. Libre y vacío, por amor de la voluntad divina, para cumplirla sin interrupción.”

Llena de gracia, es el título que la otorga el arcángel Gabriel (Lucas 1, 28), lo que quiere decir que en ella todo había sido renovado desde el inicio de los tiempos. Su alma, diáfana para dejarse traspasar por la Luz, su espíritu, eternamente puro, hasta los átomos de su cuerpo, todo había sido preservado.

Ninguna otra criatura nació en ese estado de pureza primordial. Sin embargo, también nosotros estamos llamados a dar a luz a Cristo. Podemos y debemos lograr que Él nazca espiritualmente en nuestras almas. ¡Qué plenitud de sentido puede darnos tan maravillosa misión!

¿Cómo ha de ser una madre espiritual de Dios? ¿En qué debemos transformarnos para poder ser casa de Dios y dar a luz al Cristo interior? En vírgenes de alma o de espíritu, disponibles sin reserva, mental y emocionalmente liberados de las seducciones de lo material, de la figura, imagen o representación de este mundo que ha de pasar, que ya está pasando para quien puede percibirlo.

Y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva, porque esa virginidad del alma va unida a una fecundidad prodigiosa como la de María, mujer, virgen y madre. Una fecundidad que, si se alcanza, se desborda para ser compartida, se expande gozosa sin límite ni obstáculo.

María, la Inmaculada, es nuestro modelo por excelencia, la primera criatura en la que se produjo el misterio del “nacimiento interior del Cristo”. Si seguimos la estela de su Luz llegaremos a la meta. El camino pasa necesariamente por imitarla y hacernos humildes, disponibles, vacíos de ego, libres del mundo y sus afanes, llenos de amor para poder concebir la Vida divina en nosotros.

                       Duns Scoto, Defensa de La Inmaculada Concepción

                                    Duns Scoto, Sobre la Voluntad de Dios

Nada hay en la fiesta que celebramos hoy, o en el culto de hiperdulía que damos a la Virgen, de sensiblero. A pesar de la confusión que pueda crear cierta iconografía, María está muy alejada del remilgo o la cursilería. Siempre atenta, audaz y coherente, ya lo dijo todo en los Evangelios. Basta con evocar sus contadas y fundamentales apariciones en los textos sagrados, o con recitar de vez en cuando esa oración alegre, entusiasta y revolucionaria que es el Magníficat (Lucas, 1, 46-55).

Si unimos ese maravilloso himno de alabanza y amor a la valiente y decidida aceptación inicial: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38), al imperativo “Haced lo que Él os diga” en Caná (Juan 2, 5), y a su presencia silenciosa ante la Cruz (Juan 19, 25) y en Pentecostés (Hechos 1, 14; 2, 1), tenemos el legado de nuestra Madre, la más sencilla y completa guía de Vida.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí;
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos,
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
                Lucas 1, 46-55


333. Diálogos Divinos. Inmaculada Concepción

2 de diciembre de 2023

Adviento. El Señor viene

 

Evangelio según san Marcos 13, 33-37  

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad, entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!


                                          Rorate Coeli, Canto gregoriano para el Adviento


Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.
                                                                                       Apocalipsis 3, 20

Durmiendo yo, mi corazón velaba.
Y en esto, la voz de mi amado que llama…

                                                                            Cantar de los cantares, 5, 2

Entre los primeros cristianos nació una expresión Maranatha, ¡Señor nuestro, ven! traducción al griego de una palabra  aramea. En indicativo, marán athá, el Señor viene. En esta expresión, que la liturgia repite continuamente estos días, se resume el sentido del Adviento.

Comprender y vivir el  Adviento consiste en descubrir que Él viene, que siempre está viniendo. Es darse cuenta de esta realidad, despertar del sueño que nos mantiene en una espera pasiva de que algo externo, espectacular y evidente, nos salve.

Ya estamos salvados; llevamos la Salvación escrita en nuestro ADN desde el Misterio del Calvario. Él viene, está a la puerta y llama… La Salvación está ya en ti, en mí. No hay nada que hacer, ningún mérito que conseguir, solo despertar y darse cuenta de esta experiencia de salvación y liberación que ya Es. Emmanuel: Dios con nosotros

                                                    MARANATHA                                             
            
            Si logro estar alerta, me descubro:
            soy atención serena y sostenida,
            soy la mirada fiel, soy el aliento
            de una respiración que me respira,
            devolviendo mi esencia al universo.
            Si logro estar alerta, Le descubro:
            es todo para mí,
            soy todo para Él.
            Soy real en el centro de mi ausencia,
            presencia Suya al fin
            y para siempre.

El dueño de la casa siempre está viniendo. Está a la puerta. Pero no le oímos, ni siquiera vemos que hay una puerta. Porque no es una puerta normal, no divide dentro y fuera, interior y exterior; no divide…  Es la puerta del darse cuenta, de estar atento, vigilante, despierto, la puerta de la consciencia que permite a cada uno/todos/Uno volver al Centro, desprenderse de lo falso para reconocerse en el Ser, único, indivisible, real, eterno www.diasdegracia.blogspot.com.

La pereza, el miedo, la ambición, el egoísmo, todo lo que genera la voluntad humana separada de la Voluntad Divina es muerte, mentira, trampa diabólica que nos roba la atención necesaria para mantenernos unidos a Jesucristo, nuestra verdadera vida. Él nos salvó y mucho más. Para salvarnos habría bastado una palabra, una gota acaso de Su Sangre preciosísima. Pero vino a hacer algo infinitamente más grandioso que salvarnos; vino a devolvernos la Vida Divina.

En espíritu y en verdad… Si traducimos literalmente del griego: en pneumati kai aletheia: en la respiración (en pneumati, de pneuma, el aliento, rouah en hebreo) y en la vigilancia (a-letheia, sin lethè, sin sueño, sin letargo). Empezamos el nuevo año, como acabamos el anterior, con una llamada a vigilar, velar, mantenernos en pie y despiertos. Vigilancia en griego es a-letheia, sin lethè, sin sueño, sin letargo. Hemos de vivir despiertos, vigilando, atentos a la Voluntad de Dios obrando en nosotros para darnos Su Vida.

Adviento, tiempo de estar alerta como nunca, tiempo de velar. Porque cuando nos dormimos, volvemos a poner la mente y el corazón en los afanes del mundo, abandonando ese estado de vigilancia y verdad y nuestra voluntad caída nos arrastra de nuevo al camino de sombras y de muerte.

Pero la Voluntad de Dios, que nos lleva a la Vida en plenitud nunca nos abandona; somos nosotros los que podemos olvidarla. Si nos mantenemos atentos, despiertos, vigilantes, será Jesús Quien viva en nosotros, como nosotros vivimos en Él. Es la Verdad en la que somos, que configura nuestra identidad y nos llena de amor porque es más íntima a mí que yo misma.  

El Evangelio de hoy es una nueva llamada a despertar, vigilar, estar atentos, de pie, la cabeza levantada, el ánimo resuelto, porque el Libertador, el que era, el que es, el que viene (Apocalipsis 1, 8; 4, 8), es Vida nuestra.


Estoy a la puerta y llamo, Jesed

Algunos pensamientos de Imitación de Cristo de Thomas Kempis, que nos animan a velar:
            Así habías de conducirte en toda obra y pensamiento, como si hoy hubieses de morir.
            Si no estás dispuesto hoy, ¿cómo lo estarás mañana? Mañana es día incierto; y ¿qué sabes si amanecerás mañana?
            ¡Ojalá hubiéramos vivido siquiera un día bien en este mundo!
            Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de sus ojos y se dispone cada día a morir.

25 de noviembre de 2023

Rey Adorable

  

Evangelio según san Mateo 25, 31-46 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con él se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid, vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Y entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos; id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces también éstos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistimos?” Y él replicará: “Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de estos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.” Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna.” 

 

                                                         Ecce Homo, Tintoretto

Vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán.
                                                                  Daniel 7, 14 

Hoy contemplamos a Jesucristo como Rey del Universo, la solemnidad con que culmina el año litúrgico. Celebramos al Rey mirándole, sintiéndole, uniéndonos a Él en la Eucaristía, Su Presencia Real en el mundo, que, junto con Su Palabra y Su Voluntad, es  el Pan nuestro de cada día que pedimos en el Padrenuestro. Es lo más adorable, mucho más que las imágenes con cetro y corona con que representan al Cristo triunfal de la Parusía, porque aquí, ahora, en este vértice del tiempo que conecta con la eternidad, se ha hecho Pan de Vida para acompañarnos y alimentarnos, ir asimilándonos a Sí, mientras caminamos de regreso a la Casa del Padre.

Jesucristo, Rey del Reino eterno, reina también aquí, en la representación de este mundo que pasa, desde el trono invisible del Sagrario, lo más real que podemos concebir en la tierra, el más absoluto anonadamiento por amor. Inconcebible para la mente, lo sabe el corazón y lo comprenderemos cuando atravesemos definitivamente el velo que nos separa de lo que ni ojo vio ni oído oyó.

Recordábamos hace poco cómo San Francisco de Borja, cuando tuvo que reconocer el cadáver descompuesto de la emperatriz Isabel, su bella y amada señora, pronunció las célebres palabras: nunca más servir a señor que se me pueda morir. Y lo dejó todo, literalmente, eligió servir al único Señor, el que no muere, el Único. Son muchos los que se han atrevido a hacer lo que no pudo el joven rico. Una de las primeras fue María Magdalena, que supo cómo el Rey puede hacer, de una prostituta, una princesa.

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Magdalena Penitente, Pedro de Mena

En la Magdalena Penitente de Pedro de Mena, vemos a María Magdalena contemplando a Cristo crucificado. Así reina Él sobre el corazón de quienes purifican sus días de ceguera y olvido. Y así quiero vivir, mirando cómo salva, libera y renueva. Por eso Santa Teresa de Jesús nos exhorta: no os pido más que Le miréis

Reconocer que Él es Rey nos hace súbditos de Su Reino. Un Reino que no es de este mundo pero está en este mundo si dejamos de mirarnos a nosotros mismos para mirar a Cristo en la Cruz, en el altar, en la Eucaristía, en nuestro corazón cuando vive en "fiat". Porque, si somos tibios, Él es fiel, si somos débiles, Él es fuerte, si somos mezquinos, Él es generoso, si somos falsos, Él es verdadero. 

Así lo expresa también Santa Teresa de Jesús: “¡Oh Hijo del Padre Eterno, Jesucristo, Señor nuestro, Rey verdadero de todo! ¿Qué dejasteis en el mundo? ¿Qué pudimos heredar de Vos vuestros descendientes? ¿Qué poseísteis, Señor mío, sino trabajos y dolores y deshonras, y aun no tuvisteis sino un madero en que pasar el trabajoso trago de la muerte? En fin, Dios mío, que los que quisiéremos ser vuestros hijos verdaderos y no renunciar la herencia, no nos conviene huir del padecer. Vuestras armas son cinco llagas” (Fundaciones 10, 11).

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Nuestra Señora del Henar, s. XII

Jesús en el trono del regazo de su madre en el Santuario de Nuestra Señora del Henar, en Cuéllar. Ella es trono del Rey y es también Reina. Majestades que se funden y se entrelazan por amor. 

Ante el Rey, solo cabe una actitud: mirarle con adoración, como Le mira Su madre en el Calvario. En su mirada se funden dolor y amor y nos enseña que adorar fortalece y da sentido al sufrimiento. Aprendamos a ver al Rey en los cuerpos vencidos, en la fragilidad, en la muerte, con los ojos misericordiosos de María.

María, Reina y primera súbdita, maestra del sufrir adorando, del asombro dolorido y reverente, me recuerda que el Reino está dentro de mi corazón y me enseña a callar, a poner fin al parloteo y dispersión que suelen aprovechar los usurpadores para instaurar un reinado de sombras. Con ella voy perdiendo tierra y ganando cielo, como decía Sor Ángela de la Cruz. diasdegracia.blogspot.com

María, la Madre y la Reina, va sanando las heridas del corazón, embelleciendo los dones, limpiándolos, perfeccionándolos para que sean del agrado del Rey que, aunque nos ama a pesar de todas nuestras miserias e imperfecciones, nos quiere transformar. Por eso dio Su sangre y por eso reina en el Universo, para que mirándonos en Él, seamos reales en Su realeza. Si unimos nuestras cruces a la Suya, el sufrimiento es precio de Salvación, y, cuando Él vuelva en gloria y majestad, secará toda lágrima de nuestros ojos.

                                   103. Diálogos divinos, Hijos del Rey

18 de noviembre de 2023

Todo es nuestro, nosotros de Cristo y Cristo de Dios


Evangelio según san Mateo 25, 14-30 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de un tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”. Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor”. Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”. Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor”. Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”. El señor le respondió: “Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”.”



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Parábola de los talentos, Willem de Poorter


O trabajo hoy o jamás trabajaré. O vivo hoy o seré sólo un muerto que sueña y que recuerda.
                                                                                           José Luis Martín Descalzo
  

Ninguna acción surgida de un corazón renunciante es pequeña, y ninguna acción surgida de un corazón avaro es fructífera. 
                                                                                                         Ibn ‘Atâ ‘illâh

Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene… Algunos ven esta declaración como una de las más contradictorias de las que pronunció Jesús. Hay quien dice que se la han atribuido, pero que no puede ser suya, pues fomenta la imagen de un Dios justiciero, vengativo  e implacable…

Y, sin embargo, es una forma de expresar la verdadera justicia y el amor de Dios. Es una parábola destinada, como otras, a sacudir las conciencias y solo con una lectura literal o superficial puede parecer injusta.

Dios no es un contable, ni quiere que establezcamos con Él una relación de intercambio, mercantilista y fría. El temor de Dios al que se refiere el Salmo 127 que hoy leemos no es el miedo a un juez distante y ajeno a la suerte de los seres humanos. En esa expresión, al que tiene, encontramos "la perla" de esta enseñanza. ¿Qué es lo que "tiene"?, ¿qué "se le dará", realmente? Tiene y se le dará el vínculo con la Fuente de la prosperidad, la dicha y la bendición.

Uno tiene, y es, lo que ama, aquello donde pone su corazón. Hace tiempo oí a José Ignacio Munilla, el obispo de San Sebastián, decir: "Nunca se tiene suficiente de lo que no se desea". Si somos conscientes de desear el Bien verdadero, ya somos uno con Él y se nos dará más de eso que anhelamos, escogemos y somos, porque la verdadera abundancia no tiene límite. Si te miras en el Bien, la Verdad, la Belleza, que es Jesucristo, tienes todo. Sin embargo, si te obsesionas con la carencia, el miedo, la desconfianza y la tibieza, si pones tu corazón en lo que no vale nada, en lo que pasa y termina, eso tendrás y serás: la nada que has elegido, porque has negado el verdadero anhelo del corazón: lo bueno, lo eterno, lo verdadero.

Al que tiene se le dará. Recibes, tienes, eres de acuerdo con lo que anhelas, miras, sigues e imitas. Para reconocer ese anhelo esencial del corazón, la "Belleza siempre antigua y siempre nueva", que canta San Agustín, la Sabiduría sobre la que hemos leído estos días, hay que despertar y mantenerse despierto en un mundo donde abundan los dormidos que compran, venden, comen, beben, se casan, construyen (Lucas 17, 26-37) y nada más, un mundo de muertos que se creen vivos, enfrascados en afanes de lo efímero.

Miremos a lo alto y también hacia dentro, donde está el tesoro verdadero del corazón, la fuente inagotable de amor y de gracia, ese surtidor de agua que salta hasta la vida eterna (Juan 4, 14), que no es nuestro, pero se nos da si lo aceptamos. Seamos fieles servidores, que ponen a trabajar los dones y talentos que el Señor les ha confiado, apostando fuerte, apreciando las “inversiones” de alto riesgo, que son las que dan el Beneficio que satisface al corazón despierto. Gratitud, coherencia, confianza y altura de miras es a lo que hoy nos llama, como tantas veces, el Evangelio.

No nos quedemos a ras de tierra por cobardía o exceso de precaución. Los tibios son rechazados en el Apocalipsis, seamos fríos o calientes (Ap 3, 15-17), pero seamos, sobre todo, capaces de reconocer que todo es nuestro, nosotros de Cristo y Cristo de Dios (1 Corintios, 3, 23). 

        Es la Vida la que está en juego, y urge prepararnos porque, como dice la segunda Lectura (1 Tesalonicenses, 5-6), el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Velemos con prudencia y sensatez, como veíamos el domingo pasado, alimentando el anhelo de eternidad que nos mueve y nos impulsa, porque estamos en el mundo pero no somos del mundo (Juan 17, 14), sino hijos de la luz.

          Saltemos sin red, apostando por la Vida, por el Reino y su justicia, tan alejada de las seguridades y la justicia mediocres del mundo. Vivamos de una vez el verdadero amor, la llama de amor viva, bien distinto del falso amor, consumido bajo las cenizas.

"Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?", se lamentaba Machado diasdegracia.blogspot.comQue no sean esas palabras las que digamos o pensemos cuando llegue la hora Ocupémonos del huerto, con los talentos de jardineros fieles que nos han sido dados, ahora que aún tenemos luz y pueden florecer las más hermosas flores. Ahora que hay luz y el suelo es fértil, las manos aún fuertes y el pulso firme para esparcir las semillas, remover la tierra y esperar a que llegue la Primavera de donde vinimos. .

Mediocridad y tibieza es optar por lo fácil, lo cómodo o lo seguro. Valentía es atreverse a dar un salto para llegar más alto y más lejos, sin pretender conservar lo que se cree tener o lo se cree haber ganado, porque eso supone perderlo.

           Apostemos por el verdadero tesoro, con el valor y la devoción de un samurái o de un caballero templario, pues guerrero y monje son los dos. Arriesguemos por amor, un inmenso amor a la Verdad y a los que la buscan con nosotros, sin miedo, con alegría, pues, como dice Pascal, si la buscamos, es porque ya la hemos encontrado.

 

                                      Sé Tú mi riqueza, Salomé Arricibita y Teresa Nécega

El que no recoge conmigo, desparrama (Mateo 12, 30), dice otro pasaje del Evangelio. El que tiene, recoge con Él, es consciente de Él, en su mente, en su corazón, en su espíritu. El que tiene, recibirá, porque está unido a la fuente inagotable de la abundancia. 
            Y al que no tiene, cree estar separado, el miedo le impide conectar con Aquel de donde todo nace y todo confluye, por eso no es capaz aún de recibir. 
            Seamos de los que tienen, conscientes de ser en Él, hasta poder decir: Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí (Gálatas 2, 20).


  RECOGER CONTIGO

Recoger contigo es alinearse
hacia Ti, elevar todo mi ser
para que se caiga como piel muerta
todo lo que no es Tú,
todo lo que no puede
llegar a parecerse a Ti. 

Recoger contigo es pensarte,
sentirte, dejar que vivas en mí,
que uses mis sentidos y talentos
y vivir yo en Ti, sin que nadie
ni nada distraiga mi atención.

Recoger contigo es escapar
de cuantas fantasías me separan
de la vida verdadera,
que no es otra que Tú, Verdad y Vida. 

Recoger contigo es esperarte
cada día, cada instante,
como si estuvieras siempre a punto de venir,
que siempre estás viniendo si recojo contigo,
que siempre estás aquí.

Tú, mi cosecha abundante,
mi fruto bueno,
mi lote y mi heredad,
mi campo infinito donde nada se pierde,
porque recojo contigo,
   y no vuelvo a desparramar.

Con el Nombre de Dios se puede preparar una obra grandiosa. Del mismo modo que el banquero crea a partir de la nada la riqueza, así quien acumula e invierte su capital de fe y juega con cada oscilación, puede crear a partir de la nada (a partir de una vida hecha de días acumulados uno tras otro, sin nexo, destinada a la muerte) una realidad metafísica.

                                                                                       Elémire Zolla