8 de septiembre de 2011

Natividad de la Virgen María



[Nacimiento de la Virgen María de Giotto]
Nacimiento de la Virgen María. Giotto


          Lo que evocamos con asombro y gratitud inagotables en Navidad, fue promesa para las generaciones anteriores a Jesucristo. Sin María, la doncella de Nazaret, la profecía no se habría cumplido y no podríamos conmemorar el nacimiento de Aquel que nos abrió las puertas de la Vida. ¿Cómo no considerarla co-redentora?
         Hoy celebramos el nacimiento de la más excelsa de las criaturas, la que hace posible el cumplimiento de la Historia de la Salvación, la segunda y definitiva creación. Hoy nace la Virgen María, en cuyo seno inmaculado encarnará el Hijo, la "solución" más generosa a todos nuestros males.
            Qué arrebato de amor, qué locura inefable la de Dios haciéndose hombre para devolvernos la dignidad y la semejanza con Él. Qué "atajo" se nos ofreció hace dos mil años, al dársenos un Hijo, un Hermano, un Maestro que habla, come, mira, trabaja, descansa y camina, para que podamos ver y sentir a Dios muy cerca, muy dentro, más íntimo a nosotros que nosotros mismos.
            Cómo no enamorarnos locamente de un Dios que ha querido nacer como hombre, para ser hermano nuestro y elevarnos por amor a la dignidad de hijos adoptivos de su mismo Padre. Y cómo no amar a María, madre de Dios y madre nuestra, y agradecerle infinitamente que haya hecho posible este asombroso, impresionante Misterio.


Mateo 1, 18-23.

            El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su Pueblo de los pecados". Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por el Profeta: “Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que  significa: "Dios con nosotros".


            Comentario al Evangelio de hoy por San Pedro Damián (1007-1072), ermitaño, después cardenal benedictino de la Iglesia Católica y reformador, doctor de la iglesia:

            ¿Quién es ésta, dice el Espíritu sobre María, que despunta como el alba, hermosa como la luna, refulgente como el sol? Ella surge como la aurora. En el esplendor del mediodía, nuestro primer padre fue hecho a imagen y semejanza de su Creador (Gn1,26). ¿Qué más glorioso para la criatura que parecerse al Creador? Le ha dado la imagen eterna; la semejanza era necesaria: es necesario que el hombre sea similar a su Creador. Sin embargo rechazó el honor de este privilegio..., estaba destinado a la muerte, con toda su descendencia, en las tinieblas. Las tinieblas cubrían toda la tierra, hasta que vino la Virgen. Nadie nos podía sacar de las tinieblas, nadie las podía disipar... Pero con la Virgen surge la Aurora: María anuncia la luz verdadera; por su Natividad hace brillar la más resplandeciente mañana. Es la estrella de la mañana... Es la Aurora que sigue -o bien de la cual nace- el sol de justicia (Ml 3,20), que es el único que la sobrepasa en esplendor. «A ti, Señor, el día» donde Adán ha sido creado; «a ti la noche» (Sal. 73,16) donde fue expulsado de la luz. Eres Tú el que ha creado la Aurora, es decir a la Virgen María, y al Sol, este Sol de justicia que se ha levantado de su seno virginal. Como la Aurora anuncia el final de la noche y marca el inicio del día, así la Virgen disipó la noche sin fin. Y día tras día, proporciona a la tierra al que ha germinado de su Virginidad.
                                                                                 

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